Reclutado por Watanabe Shōzaburō, Shōtei contribuyó de forma notable al resurgimiento del ukiyo-e con obras que conectaron tanto con el público japonés como con el occidental y despertaron un renovado interés por las formas del arte tradicional japonés.
A pesar de que el gran terremoto de Kanto de 1923 destruyó muchos de sus bloques de madera y de las dificultades posteriores, Shōtei se rehízo con determinación y siguió produciendo estampas evocadoras que captaban la esencia de Japón.
El arte de Shōtei, marcado por paisajes delicados, escenas atmosféricas y una cuidadosa atención al detalle, sigue siendo un testimonio de su resiliencia y de la belleza perdurable del shin-hanga. Su capacidad para fusionar las técnicas tradicionales con un enfoque innovador no solo preservó el legado del ukiyo-e, sino que también ayudó a moldear el futuro de la xilografía japonesa para las generaciones venideras.