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Collage surrealista de Toby Leon

El arte de collage surrealista de Toby Leon es una mezcla de mito y realidad, llena de fantasía, opulencia y exuberancia. Movido por una sed insaciable de lo novedoso y lo inexplorado. Donde la historia reluce como un espejismo y la realidad se curva como un espejo de feria. Cada pieza, un festín visual suntuoso, mezcla tesoros de museo libres de derechos de autor en paisajes oníricos digitales que desafían los límites del tiempo y la verdad.

Preguntas frecuentes

Sobre esta colección

Imaginamos la historia hasta hacerla existir, todos los días. Y le vamos dando forma al mundo que nos rodea. Yo rehago historias con cada pieza. A partir de una pandilla variopinta de relatos tan exagerados como ciertos. Una mezcla agridulce de mitos, signos y símbolos. Recortados de museos de todo el mundo con obras libres de derechos y pegados en Photoshop, donde lo alquimizo todo. Hasta que cada persona y cada cosa están lo bastante maduras para mi mitología kitsch.

Mi alquimia de Photoshop transmuta elementos dispares en una mitología kitsch. Un tapiz tejido con hilos de hecho y de fantasía. El arte es una rebelión contra la tiranía de las narrativas lineales: queeriza el pasado y el futuro en una deliciosa paradoja de autenticidad e invención. Con cada corte y cada pegado, desafío las ficciones a las que estamos suscritos e invito a quien mira a cuestionar el tejido mismo de sus realidades percibidas.

Estos collages no son simples ensamblajes, sino portales a posibilidades infinitas, donde la opulencia baila con el capricho y la exuberancia se contonea con el mito. Mi trabajo es un testimonio de la fluidez de la verdad, un manifiesto visual que celebra la naturaleza siempre cambiante de la historia y la memoria.

Cada pieza es un universo en sí misma, anclada a la vez en objetos históricos y capaz de volar más allá de las ataduras del tiempo, y ofrece un atisbo tentador de un mundo en el que lo surrealista es solo cuestión de perspectiva.

Que no te líen con el algodón de azúcar. Todo lo que creo es verdad. Nace de la verdad y se apoya en ella. Pero nunca es real, mitológicamente hablando. Aunque la realidad también sea una ficción. Simplemente la ficción a la que todo el mundo está suscrito, lo cual no la hace falsa. Eso es lo que tiene la verdad. O el pasado. Sabemos que se mueven en ambas direcciones. Infinitas, de hecho. Sin quedarse nunca quietos ni hacer lo que se les dice. Siempre cuestionados, diseccionados, replanteados y puestos patas arriba. Queerizados e invertidos. Empaquetados e interpretados. Contados, recontados, adaptados y luego vendidos. Evolucionando como todo lo demás. Por eso me gusta pensar que mi arte existe fuera del tiempo. Que busca el infinito en lugar de la realidad. Un caleidoscopio de verdades mezcladas que solo son tan surrealistas como decidamos que sean...

Toby Leon

¿Cómo superas los bloqueos creativos o las dudas sobre ti en tu camino artístico?

Solo hay una regla para lidiar con los bloqueos creativos: intentarlo. Volver a intentarlo. Probar algo nuevo. Y volver a intentarlo. Sí, en serio, otra vez. Y procura ser contigo la clase de amistad que serías con cualquier otra persona… en la medida de lo posible.

En cuanto a qué son los bloqueos creativos, en el fondo son catarsis disfrazada. Esa fricción que (con el tiempo) nos obligará a cambiar si no hacemos caso a sus invitaciones más dulces. Solo nos bloquean si seguimos negando lo inevitable. Así que busca salidas creativas que te funcionen ahora, que pueden ser o no hacer arte. Abraza la incomodidad de no saber. No te preocupes si lo que antes te alimentaba ya no lo hace. Es uno de los mayores trucos del bloqueo creativo: convencernos de que cambiar es señal de que todo se desmorona o de que no merece la pena. Pero yo digo que esas señales que crees que anuncian el desastre son en realidad invitaciones a evolucionar… si les das la vuelta del revés y de dentro afuera, claro.

¿Puedes describir los temas o mensajes principales que exploras en tu obra?

Conexiones entre culturas, preguntas sin respuesta, historias que se solapan, donde la abertura se ensancha y las posibilidades brotan desde los márgenes. En mi trabajo nada se define con facilidad, porque la historia no se ha puesto de acuerdo en la respuesta a muchas de las preguntas que me pican la curiosidad. O las «respuestas» necesitan desembalarse. Reimaginarse, como mínimo. Todo esto alimenta mi amor por los espacios liminales. Que suelo encontrar en esos huecos desordenados entre la infancia y la edad adulta, que amueblo con desenfreno temerario. O en la electricidad estática de los cuentos queer omitidos de los «grandes éxitos» de la historia. Y por último, aunque no menos importante, mi viejo fiel de siempre, es decir, esas sacudidas peculiares entre el fine art y la basura posmoderna. Esa mezcla de impacto y asombro entre camp, kitsch y simple cutrez siempre me atrapa. Me recuerda lo hortera que ha sido el clasicismo desde el principio.

¿Tienes algún consejo o reflexión para artistas visuales emergentes que están dando sus primeros pasos creativos?

Tu evolución es cosa tuya, y la haces tuya pidiendo opinión de forma activa. Mi enfoque siempre ha sido lanzarme de cabeza, pero la tolerancia se va ganando con el tiempo. Y en mi experiencia… es como la gente avanza más rápido, porque es aprender y hacer contactos a la vez. Además, hay muchísimo talento ahí fuera. Así que cuando piensas en lo que distingue a quienes dejan huella o se marcan goles o como quieras llamarlo… no siempre es el talento, ¿verdad? Por eso importan tanto las opiniones ajenas. Empieza poco a poco y pregunta pronto. Ve ganando fuerza hasta poder acercarte a gente cuya reacción te pone de los nervios. Hasta poder escuchar una crítica sin tomártela como algo personal, porque le has preguntado a alguien por arte, que es subjetivo, aunque sea el tuyo. Y, además de todo eso, a quienes siguen apareciendo, se esfuerzan un poco más y demuestran cuánto les importa pidiendo opinión les llegan muchísimas oportunidades estupendas, o sea, mi combo 1-2-triplete para que te tomen en serio.

¿Cómo llevas las críticas o las opiniones sobre tu obra?

Es una incomodidad que ha sido vital para mí. Mi trabajo es ofensivo a propósito para el buen gusto, porque no veo más diferencia entre el fine art y lo lowbrow que el gusto. Mucha gente sí la ve, claro, y mi arte obviamente no es para todo el mundo. Nunca imaginé que lo fuera. Lo cual, curiosamente, muchas veces me ha dado tranquilidad. Lo más difícil se acaba antes de empezar: sé que no soy para todo el mundo. Y valoro igual a quien adora lo que hago que a quien le da un poco igual. Los dos cuentan versiones de la verdad sobre mi trabajo que quizá no habría notado de otra forma. Así que abraza la incomodidad, digo yo. Pregunta a mucha gente y pregunta a menudo. Cada vez cuesta menos. Hasta que, al final, te lo pide el cuerpo.

¿Cómo sabes cuándo una obra está terminada?

Espero que nada esté nunca del todo terminado, porque eso sería un callejón sin salida de lo más aburrido. En cuanto a cuándo toca dar un paso atrás y compartir una obra, intento no forzar un desenlace. Veo que el trabajo sale perdiendo si lo hago. Hoy en día, cuando me topo con un muro, cambio de rumbo. Nada del otro mundo —limpio, salgo a pasear, me escapo a una película, estiro— cualquier cosa que me despiste el tiempo suficiente para volver a la misma obra con ojos frescos. A veces alejarse es el único camino para ver tu trabajo con claridad.

¿Qué más magia del collage puedo encontrar por aquí?